Definir tu estrategia
de comunicación
Cuando uno quiere empezar a compartir contenido, inmediatamente solemos ir directo al contenido — qué publicar, cada cuánto, en qué formato.
Pero hay una pregunta que aparece antes de todo eso, y que en realidad define todo lo demás.
¿En qué te querés posicionar?
Comunicar no es simplemente producir contenido. Es expresar una perspectiva sobre algo. Es mostrar y contar qué mirás, cómo mirás, qué pensás.
Y para que esa perspectiva se entienda, necesita cierta dirección.
No para volverse rígida ni para transformar tu comunicación en algo demasiado planificado, sino para que lo que compartís tenga coherencia y vaya construyendo un camino y un posicionamiento con el tiempo.
Muchas veces, cuando alguien siente que no sabe qué publicar, el problema no es falta de creatividad. Es simplemente que todavía no definió su estrategia de comunicación.
Una forma bastante simple de empezar a hacerlo es trabajando sobre tres elementos — tu visión, tus valores y tus pilares de contenido.
No tiene que ser algo complejo. Pero sí algo claro.
Tu visión
La visión es dónde te imaginás posicionándote con el tiempo. Hacia dónde sentís que podría desarrollarse tu camino, incluso aunque todavía no tengas todos los detalles claros.
Muchas veces las personas se bloquean porque sienten que no tienen todo perfectamente definido. Pero en realidad no hace falta. Lo único que necesitás es una idea general de hacia dónde te gustaría ir.
Tal vez te imaginás escribiendo un libro bestseller.
Tal vez te imaginás teniendo un podcast.
Tal vez te imaginás posicionándote como influencer de moda.
Tal vez te imaginás trabajando como health coach.
No hace falta que hoy sepas exactamente de qué va a tratar ese libro, o ese podcast, lo que te posicione en moda, o quiénes serán tus clientes.
Pero esa imagen de futuro, tu visión, ya te da pistas de por dónde tenés que empezar a crear tu contenido.
Pensar tu comunicación desde ese lugar te permite hacer algo muy útil, que en estrategia se llama reverse engineering.
Es decir, empezar desde el lugar al que querés llegar y preguntarte qué tendrías que empezar a hacer hoy para acercarte a eso.
Y es bastante directo.
Si querés escribir un libro, probablemente lo primero que tengas que empezar a hacer es escribir.
Si querés posicionarte como influencer de moda, probablemente tengas que empezar a mostrar tus looks.
Si te imaginás teniendo un podcast, probablemente tengas que empezar a hablar y compartir tus ideas.
Si querés posicionarte como health coach, probablemente tengas que empezar a mostrar tu estilo de vida, lo que comés, cómo pensás tu salud.
Cuando lo mirás así, en realidad es bastante simple.
No hace falta tener todo resuelto. Lo importante es tener un norte y un lugar por donde empezar.
Y también es importante entender que ese camino puede ir cambiando con el tiempo. Tu visión puede evolucionar, tus intereses pueden moverse, y está perfecto que así sea. Porque al final todo esto es una co-creación entre descubrir y definir.
La estrategia no es una estructura rígida. Es simplemente una dirección.
Tus valores
Los valores son los criterios que guían cómo comunicás.
No son palabras aspiracionales pensadas para una presentación de marca. Son más bien los principios que definen cómo pensás y qué tipo de mirada querés comunicar.
Cuando los valores están claros, se vuelven una especie de filtro natural para tu contenido. Te ayudan a decidir qué temas te interesan realmente, desde qué tono querés hablar y también qué tipo de contenido no tiene demasiado sentido para vos.
Y eso, con el tiempo, hace que la comunicación se sienta mucho más auténtica y coherente.
A mi me ayudó mucho pensar en cuáles son los 3 valores que quiero que estén presentes siempre en mi comunicación.
Elegancia. Profundidad. Estética.
Si estos 3 valores (o al menos uno de estos 3) no están presentes, no lo comparto.
Esta es una gran forma de empezar a comunicar con criterio.
Tus pilares de contenido
Los pilares son simplemente las grandes categorías de lo que vas a compartir.
La mayoría de las personas suele tener entre tres y cinco. A mi me gusta limitarlo a 3, porque siento que son suficientes como para no marear al público cuando son pilares relativamente distintos entre sí.
No funcionan como una limitación, sino como una forma de ordenar la conversación que estás construyendo, sobre todo cuando sos multifacético y podés estar hablando de muchas cosas.
Mis 3 pilares por ejemplo son:
Identidad y desarrollo personal
Modelos de vida y negocio
Imagen y estilo personal
Lo que une a los 3 pilares soy yo. Mi capacidad de unir esos 3 es lo que hace que mi contenido sea distintivo.
Lo importante es que cada pieza de contenido que comparta pueda ubicarse dentro de alguna de esas conversaciones, y que todo esté unido por mis 3 valores.
Eso hace que, con el tiempo, el contenido empiece a tener consistencia, profundidad y diversidad. No son publicaciones aisladas, aunque a veces lo parezcan, sino partes de un mismo universo. Tu universo.
Distintividad
La distintividad es aquello que nos hace únicos. Que nos distingue de los demás.
Porque la realidad es que hay muchísimas personas que quieren ser — o ya son — influencers de moda, podcasters, escritores, health coaches, o lo que sea que vos quieras hacer.
Y la forma de construir algo en ese contexto es encontrar tu manera de hacerlo.
Eso no significa que busques activamente como ser distinto que los demás. Esta es una búsqueda que pone la mirada sobre lo que están haciendo los demás — y es muy fácil perderse.
Encontrar cómo ser ‘distinto’ no nace de mirar lo que está haciendo el resto e intentar separarte de eso. No nace de la comparación.
Nace de vos.
Y tampoco es presionarte por ser alguien completamente innovador. Es ‘un poquito’ distinto. Ya ser vos mismo y la elección de tus 3 valores y tus 3 pilares te hacen distinto.
En esto yo creo que la conversación de autenticidad toma relevancia.
Entonces la pregunta no es qué está haciendo el resto y cómo puedo hacerlo distinto. La pregunta es otra.
En qué soy bueno. Qué tengo para decir. Qué disfruto hacer. Y cómo puedo mostrar eso.
El engagement casi siempre se genera alrededor de cosas en común. Miradas en común. Estéticas en común. Estilos en común. Filosofías en común. Formas de pensar en común.
Entonces no hace falta volverse loco tratando de no parecerse a nadie.
Lo importante es hacer lo tuyo. Hacerlo bien. Mostrar cuál es tu valor y cuál es tu mirada.
Ser único en un mundo donde muchos queremos hacer cosas parecidas no pasa necesariamente por hacer algo completamente distinto. Pasa por hacerlo a tu manera.
Dos grandes lugares
desde donde conectar
Cuando pensás en tu voz y tu estilo, hay dos grandes espacios desde donde las personas suelen conectar.
Uno es el plano visual.
La forma en que ves el mundo, la forma en que sacás fotos, cómo armás tu contenido, cómo te vestís, qué tipo de estética te interesa. Todo eso construye un lenguaje visual.
Y ese lenguaje visual conecta muy rápido con otras personas que comparten un estilo, una sensibilidad o un criterio parecido.
El otro es el plano intelectual o emocional.
Las ideas que tenés, las opiniones que compartís, las experiencias que viviste, los desafíos que atravesaste, las reflexiones que hacés sobre lo que te pasa.
Hay personas que conectan principalmente desde el plano visual. En algunos casos, simplemente mostrar lo que hacen o lo que les gusta ya genera una conexión.
Hay otras personas cuya fortaleza está más en el plano intelectual o emocional. Tal vez la estética no es lo central, pero tienen una mirada interesante, o una forma de explicar cosas que genera conexión.
Y después están quienes combinan ambos.
En mi caso, por ejemplo, siempre intento trabajar en los dos planos. Porque para mí ambos son importantes. Hacer solamente contenido visual siento que no me termina de llenar, pero al mismo tiempo la estética es una parte muy natural de cómo me comunico con el mundo.
Todos los caminos son posibles.
La clave es entender cuál es el tuyo.
Buscar referencias
de contenido
Las referencias son una excelente forma de trasladar todo esto que pensamos en nuestra estrategia en un contenido tangible.
No todos somos creativos (ni queremos serlo) en la creación de contenido.
Muchos simplemente queremos encontrar nuestro estilo, y podemos hacerlo buscando referencias e intentar llevarlos a nuestro mundo.
No en el sentido de copiar formatos o repetir lo que ya está funcionando, sino en el sentido de explorar(te). Observar qué tipo de contenido te interesa, qué voces te resultan estimulantes, qué medios o publicaciones te generan curiosidad — y llevarlo a vos.
Lo que te interesa y lo que te gusta a vos que tenga que ver con tu estrategia (valores y pilares) es un excelente lugar para empezar.
Muchas veces, cuando alguien siente que no sabe bien cómo comunicar, armarse un pequeño planteo de referencias ayuda muchísimo a crear algo que tenga coherencia para vos. Yo lo trabajo de esta manera.
Por eso cada vez que veo un contenido que me resuena lo guardo.
Hacé una investigación en las distintas plataformas. Instagram, Pinterest, TikTok, Substack, LinkedIn.
Seguir cuentas que tengan una mirada interesante y te inspiren es claves Prestar atención a qué tipo de contenido te enganchan y te dan ganas de detenerte a escuchar o leer.
Todo eso empieza a formar un criterio.
Y ese criterio, con el tiempo, también se vuelve parte de tu identidad comunicacional.
Explorar formatos
La realidad es que hay que probar distintos tipos de contenido y ver cuál tiene que ver con vos.
A veces vemos algo que nos encanta pero después lo intentamos hacer nosotros y nos sienta raro. No nos identifica del todo. Me ha pasado.
Al principio (y por mucho tiempo) todo va a ser un experimento.
Y eso está bien.
Hay que animarse a tomárselo un poco como un juego, y no exigirse tanto.
Porque es justamente a través de esa experimentación que empezás a encontrar tu estilo.
Con el tiempo, algunas cosas se van a sentir más naturales que otras. Algunas formas de comunicar te van a representar más.
Y poco a poco empieza a aparecer algo que no se puede planificar desde el principio.
Empezás a aparecer vos.
Encontrás un estilo que te gusta. Un contenido que se siente propio. Empezás a tener engagement. Empezás a sentirte más cómodo.
Y casi sin darte cuenta, empezaste a construir tu lugar en el mundo.