Invertir en tu imagen

Hay algo que aprendí en finanzas que terminó atravesando toda mi vida — la mentalidad de inversión. Y uno de los lugares donde más se nota —aunque muchas veces no se lo tome en serio— es en tu imagen.

Ropa, make up, accesorios, interiorismo —incluso los lugares a donde vas a tomar un café— no son solo una representación de tu identidad, tu estilo y tu filosofía, también son un recurso elemental para tu posicionamiento.

Todo lo que construye cómo te mostrás puede encararse desde dos lugares completamente distintos —desde el gasto o desde la inversión.

Y la diferencia no es menor.

Muchas personas piensan la ropa y todo lo estético desde un lugar de preferencia o de compensación. Pero si estás construyendo algo —una carrera, una marca, una presencia— tu imagen también forma una parte fundamental de esa construcción.

El spending mindset (mentalidad de gasto) suele aparecer como una especie de recompensa. Suena del estilo de ‘trabajé mucho, me lo merezco’. Y es completamente válido. Es parte de disfrutar lo que generás, yo también lo hago.

El tema es la frecuencia, y cómo se siente.

Si lo hacés todo el tiempo y de forma impulsiva, algo que debería ser lindo y espontáneo pasa a ser un problema. Incluso porque terminás con cosas que ni siquiera usás. Deja de cumplir su función de recompensa, y ni hablar de cualquier función estratégica.

En mi caso, este tipo de compras aparecen muy de vez en cuando —por ejemplo al final del año, después de un año de mucho trabajo, me quiero regalar algo. Y me encanta. O sino, por ejemplo, me doy el gusto con cosas chicas, como un lipstick de Chanel que me compré hace poco, sin motivo estratégico.

Pero en general, encaro mis compras y mi placard desde otro lugar —desde un investing mindset.

El investing mindset (mentalidad de inversión) es decidir intencionalmente comprar cosas que eleven tu imagen.

(Gasto vs inversión)
el comportamiento detrás
de lo que comprás

Elevar tu imagen

Elevar tu imagen significa, por un lado, proyectar calidad.

Esto aplica para absolutamente todos —cualquier industria, cualquier trabajo. Algo que se percibe de mala calidad, resta.

Y con esto no me refiero a gastar una fortuna en una remera. No hace falta que te la compres en The Row. Yo compro las mías en Massimo Dutti y en COS, y perfectamente podés encontrar remeras que parecen de buena calidad en Zara o H&M. Hay que saberlas elegir.

Lo importante es que se sientan bien al tacto. Que el algodón parezca suave. Que el negro sea bien pleno y oscuro. Si encontrás un blanco más crema, mejor (yo percibo más calidad con un tono de blanco más crema que con un blanco blanco).

Elevar tu imagen también significa empezar a integrar piezas y estilos que representen la persona que querés ser. Porque el posicionamiento es algo que se construye, y la imagen es un aliado en ese proceso.

Para eso, hay tres elementos clave:

  • una visión —en quién te querés convertir

  • referentes que representen esa dirección

  • entender el lenguaje de tu industria

Todas las industrias tienen su propio lenguaje. Finanzas, arte, diseño, arquitectura, start-ups, influencers, abogacía, medicina, real estate —cada una tiene sus códigos visuales y entendimiento de qué se percibe como ‘bueno’. La idea de calidad atraviesa a todas. Pero después hay una percepción de profesionalismo en cada industria.

Un arquitecto reconocido suele vestirse de manera sobria y relajada —pienso en Vincent Van Duysen. Una persona reconocida en el diseño o la moda naturalmente va a tener un estilo con una impronta particular identitaria. En medicina, real estate, abogacía, finanzas — todos comparten el código del traje de buena calidad — la elegancia bien profesional y sobria.

Y así como hay industrias, también hay contextos distintos.

No es lo mismo un evento, una conferencia o una reunión, que tu día a día o estar en tu casa.

Entonces la pregunta es — ¿cómo integrar todo eso sin que se vuelva complejo?

Para mí, la respuesta está en definir un estilo de base, y tener coherencia — en todos los ámbitos y espacios de tu vida, mantener un estilo de base, y elevarlo según la ocasión. Que tus prendas puedan transicionar de un espacio a otro, agregando o sacando algún elemento.

Empezar por lo básico (bueno) y simple. Y a partir de ahí, elevar o acentuar con elementos de más impacto visual.

(Mi estilo)
Base + Acento

Para que todo tenga coherencia sin volverse rígido, yo pienso mi imagen en dos capas.

BASE — estilo de base

Piezas que sostienen mi día a día y mi identidad. Remeras, jeans, blazers, un tapado, tacos o botas altas (nunca zapatillas porque me resultan demasiado informales para mi gusto, pero podrían perfectamente estar presentes en tu base).

Tonos neutros —blanco, negro, camel, gris, azul marino.

Y que todo parezca de calidad.

Elegante con un toque de informalidad. Esa es mi base.

ACENTO — piezas que elevan

Elementos que elevan mi imagen.

A veces son inversiones (porque lo que tiene diseño suele ser más caro), pero no necesariamente.

Me gusta que el acento sea algo que denota presencia, algo distintivo, algo que llame un poco la atención. Por eso lo vinculo mucho a los accesorios —cinturones, anteojos de sol, carteras, joyas, zapatos—, aunque también puede ser una prenda con una forma, una textura o un material particular.

La idea es que con estas dos capas puedas armarte uniformes — looks que sabés que te quedan bien, te funcionan, te gustan para tu día a día — y de a poco ir armando looks que distingan tu identidad.

Esta es la forma en que me manejo, y no solo me es funcional, sino que me gusta. Siento que es simple, elevado, manejable.

Para mí, una referencia muy clara de este enfoque es Phoebe Philo en Céline —un estilo intelectual, elevado pero discreto, monocromo, simple, pero con presencia.

Y quizás, lo más relevante de todo sea que no necesariamente tenés que tener un súper presupuesto. Es una lógica que aplica de base. Porque el investing mindset no se trata de cuánto gastás, sino cómo gastás.

Economía y etapas de la vida

Me parece relevante hablar sobre las etapas y el tiempo que toma en construirse esto que les cuento, porque hay una realidad que es el tema de la economía.

Esto que les comparto se construye en etapas, y a lo largo del tiempo.

No solo por un tema de posibilidades, sino porque encontrar esas prendas que te gustan, que parecen de calidad, que te quedan bien, lleva tiempo.

Encontrarte en un estilo nuevo, más intencionado, más selectivo, lleva tiempo.

Es el proceso natural de la formación de un criterio.

Por eso, para mí, este sistema de base + acentos es algo que todos podemos encarar, incluso pensando en la economía personal.

Las personas que se visten con mucho diseño son personas que cuentan con el capital para hacerlo — o porque lo tienen, o porque lo generaron. Si lo tienen de base, buenísimo, quizás todo esto que les cuento no aplique a ustedes (o sí, si nunca pensaron en cómo quieren proyectarse al mundo). Pero sino, como cualquier carrera profesional, es algo que se construye.

A medida que uno crece y logra que le vaya mejor, puede permitirse invertir más en piezas de diseño y acento, o en comprar la base en marcas donde la calidad es suprema. Goal en la vida comprarme mis básicos en The Row.

Pero mientras tanto — construcción. Elecciones con criterio.

En mi caso, empecé priorizando la base. En etapas iniciales (y por inicial no me refiero solo a la edad o a una etapa inicial en tu carrera, sino al momento en que une decide invertir en su imagen), formar el criterio de calidad es lo que importa.

Priorizá tu base + algunos acentos.

Después de un par de años, empecé a invertir en mejores marcas y mejores acentos. Fui creciendo como consultora, fui generando mejores ingresos, fui desarrollando mi criterio.

Eso naturalmente lleva a elevar todo lo que ya venís haciendo.

Y esta es la etapa que sigo hoy en día — mismo sistema, mejores marcas. Hasta —quizás— llegar a The Row. O quizás empezar a incorporar más diseño.

Esa, para mí, es la tercera etapa — la de invertir en piezas con más diseño, o en esos desired pieces. Objetos de deseo.

Y está buenísimo que lo sean — funcionan como un incentivo a tu desarrollo profesional, porque definitivamente son una forma de elevar tu vida y tu realización personal, al menos para mí. En moda, y en mis espacios — en diseño y en arte.

Cómo organizar
la forma en que comprás

Algo que me cambió completamente la forma de comprar fue hacer mis compras concentradas, en bloque. Una o dos veces por año. Defino un presupuesto, pienso outfits, y construyo desde ahí.

Comprar online simplifica mucho este proceso, porque te permite ver y pensar antes de decidir. A mí, los locales —al menos acá— me abruman y me marean. En las webs las marcas ya presentan looks armados que funcionan muy bien y sirven como referencia.

Con una ‘buena’ compra, en general ya cubrís tu base. Y después podés ir incorporando acentos a medida que aparecen, sin sentir que estás empezando de cero todo el tiempo.

Yo empecé a hacer esto cuando me lancé como independiente y quería invertir en mi imagen pero no sabía todavía cómo iba a ser mi flujo de ingresos. Comprar de esta manera me ayudó a cuidar más mi capital y ser más estratégica. Esa fue la base de todo lo que les cuento en este artículo. Me puse un presupuesto que sabía que era manejable para mí, y creo que me compré tres outfits desde este investing mindset.

Y lo interesante es que no fue algo puntual —lo sostuve en el tiempo.

Más adelante empecé a viajar, y naturalmente empecé a usar esos momentos como momento de hacer la compra en bloque del año.

Para darles un ejemplo de una compra en bloque, la última vez compré algo de este estilo:

  • 4–5 remeras básicas

  • 2–3 pantalones sastreros o jeans

  • 1–2 suéteres

  • 5–7 prendas de acento (un lindo chaleco, una camisa que todo el mundo me halaga, un top con un poco de diseño, un saco bastante cool, a esto quizás se le puede agregar un vestido por ejemplo)

  • accesorios — 2 pares de zapatos, 2 carteras, 2 piezas de joyería, 1 par de anteojos

Con esto aunque no lo crean cubro gran parte del año.

Después ajusto —renuevo, incorporo algo puntual— pero con dos o tres veces de comprar así, el placard se arma. Después lo vas renovando — sacás lo que ya cumplió su función, y la reemplazás con lo nuevo.

Y así — compra a compra — vas construyendo un placard que te represente.

Una reflexión

Escribo unas palabras más para transmitirles un mensaje final.

Hoy parece que si no estás todo comprando todo el tiempo, con algo nuevo cada vez que salís, o si no tenés un placard inmenso, estás haciendo algo mal.

Y para mí no es así.

El posicionamiento no tiene que ver con la cantidad, sino con la identidad. Se construye definiendo tu base, incorporando acentos y eligiendo calidad.

Es una construcción.

Al principio, mi inversión fue en la base. Después mis compras empezaron a tener más sentido, porque ya no compraba desde cero, sino sobre algo que tenía coherencia.

Con el tiempo, dejás de comprar más —y empezás a comprar mejor.

Y para mí ahí es donde tu presencia cambia. Porque te sentís más segura con lo que elegís.

Tu imagen deja de ser algo impulsivo, y pasa a ser una extensión coherente de quién sos y hacia dónde vas.

Espero que este recurso les sirva para desarrollar una mirada más consciente sobre su imagen y comprender el rol que puede tener en la construcción de identidad y percepción. Que las ayude a tomar decisiones más intencionales y a construir una imagen alineada con quiénes son y cómo quieren presentarse al mundo.

Gracias por estar acá.